
Faltan unos minutos para que den las tres de la madrugada... No duermo. No quiero volver a intentarlo.
Me despido. Me despido un tanto triste. Me despido de este año haciendo un balance positivo, pero con un final amargo. Como siempre, nada podía ser perfecto.
Siento un vacío enorme. Siento como cada una de las palabras que me puedan haber regalado, son promesas rotas, dagas que se clavan sin motivo alguno más que el egoísmo personal. Me he equivocado. Lo sé. Pero otra vez más, creo que soy castigado con la peor de las condenas.
La peor de ellas, es creer que tienes el pájaro en mano y no a cien volando... digo creer, porque abrirás la mano, y habrá marchado. Un sueño más que se desvanece por no saber controlarse.
Saber escuchar más y hablar menos. Este año, me quedo con eso, y sin todo lo que quería.
Sé que no está bien sentirse así, pero no puedo evitar volver a sentir la impotencia de querer algo que tenía a mi alcance y no conseguirlo. Lo peor es que es algo fuera uno de los pilares de este "fin de semana".










