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sábado, 5 de abril de 2008

Barcelona

"Hijos, qué os parece si nos venimos a vivir a Barcelona".
Se me encogió el alma. Menudas palabras había dicho mi madre. Odiaba la ciudad condal, tanto tráfico, tanta gente, tan pocos parques, mis amigos! Oh no! Mis amigos, la chica que me gustaba, todo se iría al garete. (Morros) "No mama, a mi no me gusta" le dije. Ella me sonrió, y dijo que bromeaba.
Nunca me había gustado. Hasta que un día, a los 16 decidí salir con los amigos a pasear por las emblemáticas Ramblas. "Pues no ha estado mal, podríamos repetir". Y ahí quedó la cosa. Pocas visitas más recibió Barcelona por mi parte hasta el día en que entré en la Universidad.
Supongo que uno crece, y su pueblo o ciudad de toda la vida, se le va quedando pequeño. Imagino que cuando se es un renacuajo no se saben apreciar algunas otras cosas. Tras unos cuantos años haciendo parte de mi vida en la ciudad, caí en la cuenta de que no está tan mal. Pasear por la calle sin que nadie te conozca, sobrevivir al caos en plenas rebajas, perderse por el metro y disfrutar de personajes que tocan instrumentos, conocer a gente por las noches... Al final, Barcelona se ha convertido en el sitio que nunca quise y, sus calles; en los caminos que de vez en cuando necesito recorrer. Y es que la magia que rodea a Barcelona no es poca.
Hoy la entrada, es por ella.


BARCELONA.

lunes, 24 de marzo de 2008

Amanece ya




Vacaciones de Semana Santa.

¿Qué son las vacaciones si no las aprovechamos para hacer cosas que nos saquen de la rutina? Pues nada, son simplemente días de descanso. Pero qué son si además de sacarnos de la rutina nos enseñan algo nuevo? Entonces son una auténtica maravilla.


El amanecer es algo que podríamos ver día tras día, sin embargo, nos empeñamos en que verlo sea algo especial, y efectivamente, siempre es algo sorprendente y especial, muy especial.
Este ha sido otro de los rincones donde he aprendido algo sobre las personas, sobre la fotografía, sobre la lluvia y sobre mi persona.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Cosas inexplicables


Recuerdo aquella tarde; las cosas no iban del todo bien, no era mi mejor día, y por algún motivo, tampoco lo era el de la persona que descolgó el teléfono para escucharme. Decidimos vernos en un banco que hay tras un edificio conocido de nuestra ciudad.
Llevábamos un rato de charla cuando de repente, miré hacia el cielo, y vi como las nubes entretapaban el sol. Le pregunté si llevaba su cámara y la respuesta, como es obvio, fue afirmativa.

Aquella noche, me mandó la fotografía, y su título decía “a veces pasan cosas inexplicables, y me encanta compartirlas contigo".
Hoy, no recuerdo lo que hablamos, sólo sé que esbozó una sonrisa en mi.